Mi Bien Amada
Por: Luis Bernardo Palacio Acosta
"El Amor siempre triunfa".
(Santafé de Bogotá. 14 de Abril de 1996.) Conscientemente, en los Mundos Superiores, tuve la dicha de reencontrarme con mi Bien Amada, con Mi Alma Divina, con Mi Esposa Celestial... Estaba hermosa y radiante... Su sonrisa angelical y su dulce y tierna mirada, me envolvieron en un sentimiento de embriagantes delicias miliunanochescas... Y al mirarme con sus ojos verdes, serenos y profundos, dijo con palabras silenciosas: "- ¡Oh si él me besara con ósculos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino. Hazme saber, oh tú á quien ama mi alma, Dónde repastas, dónde haces tener majada al medio día: Porque, ¿por qué había yo de estar como vagueando Tras los rebaños de tus compañeros?" Transida mi alma de Amor ante tan preciosa Virgen de belleza angelical, ante mi Bien Amada, al acercarse tembló todo mi Ser... [Y me dijo:] "- Mi amado es para mí un manojito de mirra, Que reposa entre mis pechos." Nuestros labios se tocaron suavemente... y con pureza y castidad se encendió en nuestros corazones la llamarada del Amor Ardiente y Puro...
En otra noche estrellada y azul me desdoblé conscientemente en Cuerpo Astral... llegué a las playas de un gran océano de hermosas aguas muy azules y de altas olas... Feliz me lancé a nadar y sin ningún temor mar adentro... Ya flotando sobre las olas o sumergiéndome dentro del agua, respiraba normalmente... Cada vez me adentraba más y más en alta mar... De pronto dije: "¡Ondinas y Nereidas, venid hacia mí!" Y así, con mucha serenidad y alegría flotaba al vaivén de las olas o me sumergía feliz como un pez dentro del inmenso océano... Mas no me olvidé en aquellos momentos de Mi Padre Interno, Espiritual, ni de Mi Madrecita Divina y dije con toda mi Alma y mi Corazón: ¡Padre Mío..., Madre Mía..., ayudadme, ayudadme, ayudadme, ven a mí...! Y entonces con gran sorpresa y alegría veo que llega hasta mí el Venerable Anciano, el Dios Neptuno, montado en Su Carro Marino, con Su Corona de Oro en Su Cabeza Real, Su gran Tridente en Su poderosa diestra y siendo llevado Su Carruaje sobre las olas por hermosos Delfines y briosos Corceles Marinos... Se acercó a mí el Venerable Anciano, el Dios Neptuno, y como un Padre muy amoroso me recogió, me cargó en su regazo y me llevó flotando por el ancho mar... También invoqué a mi Madre Divina Kundalini, diciéndole: ¡Madre Mía, Madre Mía, Madre Mía, ven a mí! Entonces, sentí que alguien me llevaba flotando sobre las olas, y al mirar, vi que era una hermosísima Madona, de piel blanquísima y pura, de cabellos de oro, brillantes, abundantes y largos, de ojos grandes, bellísimos de color verde esmeralda, preciosísimos... Me miraba complacida y con una sonrisa muy tierna y bonita, que descubrían las preciosas perlas de su boca inmaculada... Aparecía Ella semejante en todo, a la hermosísima Diosa Venus, nacida, como se dice poéticamente "de la espuma del Mar"... Si bien parecida, aunque mucho más hermosa que aquella que pintara el famoso Botticelli... Estrechándome amorosamente entre su pecho maternal, mirándome con sus ojos verde-mar, cristalinos, brillantes y profundos... y con la sonrisa esplendorosa y radiante de una Virgen Celestial, me dijo con Su verbo de Oro: "-¡Soy Tu Madre Divina Minerva!" -¿Eres mi Madre Divina Minerva?, le pregunté extasiado al escuchar pronunciar Su Nombre Sagrado... Y la Adorable me dijo: "-¡Sí hijo mío, Soy Tu Madre Divina Minerva!" Y así, estrechándome Ella entre Su Virginal pecho, me llevaba flotando sobre la espuma y las olas del mar... Algunos instantes después la volví a mirar, pero era mucho más joven... En verdad, era otra beldad, y no sabría decir que Una es más Bella que Otra, porque ambas eran y son igualmente Bellas. Por el arrobamiento y la emoción no pude percatarme de que ahora era llevado sobre las olas, por otra Divina Beldad... ¿Cómo podré describirla? Sólo puedo decir que las más bellas concepciones artísticas que nos han sido legadas, sea por la pintura, la escultura y la poesía de la Amada Novia y Esposa Divinal, se le asemejan, mas nunca la igualan ni la superan... Era de apariencia, semejante en todo a una Preciosa Virgen y Diosa del Celestial Olimpo... Sus dos luceros verdes y brillantes me miraban con relampagueantes y enamorados destellos, y con su sonrisa que tenía todo el encanto, la belleza y la gracia del Eterno Femenino y de la Novia y Amada Celestial, hablándome con una voz dulce que de Amor estremeció hasta lo más profundo de mi Ser, me dijo: "- ¡Soy Tu Bien Amada, tu Alma Divina, Espiritual!" Y abrazándome y cubriéndome en Su Aura Pura y Celestial, y embriagados ambos con el néctar del Amor Divinal, arrullados y mecidos por la espuma del mar, así nos fuimos por aquel Misterioso Océano, que además de lecho, era también nuestro Lar... ¡Oh, Amada Mía, Hermana Mía, Esposa Adorable, Mi Amor...! Evoco siempre tu Virginal recuerdo, el cual es como un precioso bálsamo que calma las profundas heridas en mi corazón... Os enseño en las Estrellas a los Ojos de Mi Amada... Su silueta está formada por el aire que acaricia... *** "Toda tú eres hermosa, amiga mía Y en ti no hay mancha.
El día 7 de Mayo de 1996, tuve la ocasión de hablar físicamente, en forma personal y privada con Nuestro Venerable y Amado Maestro Rabolú, estando también presente mi Amada Esposa Gloria María Vélez de Palacio. Le relaté varios Desdoblamientos Astrales Conscientes, y entre ellos, el del encuentro con Mi Padre Interior, con Mi Madre Divina y con mi Alma Divina sobre las olas del Mar... Y nuestro Venerable y Amado Maestro Rabolú, muy complacido, después de escucharme, me dijo que esa Experiencia fue totalmente Real...
"5 ¡Ven a mi huerto hermana mía, esposa mía!, que he recogido mi mirra con las fragancias, me he comido mi panal con la miel; ¡comed compañeros!, ¡bebed y disfrutad amados míos!" “Yo dormía, pero mi corazón estaba dispuesto. La voz de mi amado llama a la puerta:" ‘‘¡abre hermana mía, amiga mía, mi paloma pura sín mácula!, pues mi cabeza está llena de rocío y mis ensortijados cabellos húmedos por la noche." “Mi sayo me he quitado, ¿cómo ponérmelo?; mis pies me he lavado, ¿cómo ensuciarlos? Metió mi amado su mano por los ventanucos y mis entrañas se me conmovieron. Me levanté para abrir a mi amado y de mis manos goteaba mírra: mis dedos estaban llenos de preciosa mirra fragante. El cerrojo de mi puerta abrí a mi amado, pero él ya se había ido, había pasado; mi alma salió cuando el me habló: lo busqué, pero no lo hallé; lo llamé, pero no me respondió. ‘Me encontró la guardia que rondaba la ciudad: me golpearon, me hirieron y la guardia de los muros me quitó mi manto. ¡Os conjuro hijas de Jerusalén que si halláreis a mi amado le hagáis saber que de amor muero." "Mi amado es blanco y pelirrojo, entre diez mil único. Su cabeza porta corona de oro puro, su pelo es como el de la palmera, negro como el cuervo. Sus ojos como los de las palomas que se posan en los riachuelos de agua, lavándose con la leche que mana en abundacia. Sus mejillas son como un tarro de bálsamos aromáticos, sus labios exhalan la mirra primeriza. Sus manos son anillos de oro llenos de esmeraldas, su torso como límpido marfil engastado de gemas azules. Sus piernas como columnas de mármol sobre basas de oro, su figura hermosa como Líbano, única como los cedros. Su paladar dulce, todo cuanto en él hay es pura codicia. Este es mi amado, éste mi amigo hijas de Jerusalén."
Víspera del Shabbath del Día De todo corazón Luis Bernardo Palacio Acosta
|