"La felicidad toda estriba en el amor"
(Sigfrida-Brunhilda).

- La Walkyria Sigdrifa [Sigfrida] Brunhilda) -
«Dónde hay hoy día Hombres como Wotan? ¿... que renuncien al poder... ? ¿Dónde hay seres que, como [SIGFRIDA] BRUNHILDA, sacrifiquen todo su saber por el amor? Y ¿dónde hay entre vosotros Sigfridos?"...
LAS WALKYRIAS

"Las asistentes especiales de Odín, las valkirias o mujeres guerreras, eran o bien sus hijas, como es el caso de Brunnhild (Brunhilde o [SIGFRIDA] BRUNHILDA), o descendientes de reyes mortales, mujeres que tenían el privilegio de permanecer inmortales e invulnerables mientras obedecieran implícitamente a los dioses y permanecieran vírgenes. Ellas y sus caballos eran las personificaciones de las nubes, y sus relucientes armas las de los relámpagos. Los antiguos imaginaban que descendían ... a la orden de Valfather, para escoger entre los caídos en batalla a los héroes dignos de disfrutar de los placeres del Valhalla y lo suficientemente valientes como para prestar ayuda a los dioses cuando la Gran Batalla tuviera lugar. Estas doncellas eran representadas como jóvenes y bellas, con brazos resplandecientemente blancos y cabellos dorados y sueltos. Vestían cascos de plata o de oro y corseletes rojos como la sangre y, portando lanzas y escudos resplandecientes, cargaban audazmente a través del fragor de la batalla sobre sus briosos corceles blancos. Estos caballos galopaban a través de los dominios del aire y sobre el palpitante Bifröst, llevando no sólo a sus hermosas jinetes, sino también a los héroes caídos que, tras haber recibido el beso de la muerte de las valkirias, eran transportados inmediatamente al Valhalla. Ya que los corceles de las valkirias eran las personificaciones de las nubes, era natural pensar que el blanco hielo y el rocío caían sobre la tierra desde sus brillantes crines mientras surcaban el aire velozmente de acá para allá. Consiguientemente, eran muy venerados y respetados, ya que la gente atribuía su influencia benéfica a gran parte de la fertilidad de la tierra, la armonía de los valles y las montañas, el esplendor de los pinos y el sustento de las praderas. La misión de las valkirias no sólo se limitaba a los campos de batalla sobre la tierra, pues a menudo también cabalgaban sobre el mar, asiendo a los vikingos muertos en los buques de guerra que se hundían. A veces esperaban en la costa y les atraían hasta allí, una advertencia infalible de que la batalla que se aproximaba sería su última lucha, la cual era recibida con gozo por todo héroe nórdico."
"... Se suponía que las valkirias realizaban vuelos frecuentes a la tierra con plumajes de cisne, que ellas se quitaban al llegar a un río apartado, para poder disfrutar de un baño."

ODÍN-WOTAN
EL PADRE DE LAS WALKYRIAS
Las leyendas escandinavas narran que la primigenia Vaca Audhumla (la Nodriza, la Abundosa), "... engendra un potente y bello ser superior, llamado Bur,...", de quien nace su hijo llamado "Borr", quien, habiéndose casado con una giganta llamada "Bestla", engendraron a tres hijos: Odín (Espíritu), Wili (Voluntad) y Ve (Santidad).
"Odín (Escandinavo).- ... lo mismo que el Wodan [o Wotan] escandinavo. Es el gran héroe del Edda, y uno de los creadores del hombre. La antigüedad romana le consideraba idéntico a Hermes o Mercurio (Budha)... En el Panteón de los antiguos escandinavos es el "padre de los dioses" y de la divina Sabiduría creadora..." (G.T. Helena Petrovna Blavatsky)"
"... es el Manú de la raza de Io en su éxodo atlante hacia el Asia y tiene un nombre preminente en cada pueblo. Así los hebreos le llaman Noé o Moisés; los aztecas, Muisca; los griegos, Orfeo y Mercurio; los latinos, Neptuno (Pentannus, «el héroe de la pentalfa» o Pensamiento); los bardos irlandeses, Ogma el grande; los egipcios, Thoth-Hermes; los caldeos, Xisusthros; los parsis, Zoroastro; los primitivos arios, Ra, Ar o Ares; los nórdicos, Odín [Wotan]; los libios, Dido, etc., etc. El es el que arranca la lengua (verbo) a la Bestia, mala magia atlante y el que se ve suplantado por «un falso demandante» que le quiere arrebatar su triunfo por las malas artes de aquella, pero que es, o será confundido al fin..." (Don Mario Roso de Luna, "El Simbolismo de las Religiones del Mundo").
Odín-Wotan, el Padre de los Dioses, para proteger a Asgard (la Morada de los Ases) contra los ataques de los Gigantes y de los poderes de las tinieblas, estuvo preparando un Ejército, no entre los Aesir, (o Ases, los dioses que moran en Asgard) ni entre los Vanir (los dioses que moran en Vanaheim [el Mundo de los Vans], dioses de la fertilidad, el mar y la prosperidad), sino entre la raza de la Humanidad mortal, Héroes elegidos de entre los que morían con sus armas en la mano en el campo de batalla en el Midgard (la Tierra del Medio, morada de la Humanidad terrestre.).
Odín-Wotan engendra, de la Diosa de la Tierra Erda, nueve Walkyrias Vírgenes Guerreras, y entre ellas, Sigrdrifa-[SIGFRIDA] BRUNHILDA, la mejor de las Walkyrias y la preferida de Su Padre Odín-Wotan. Es decir, dos aspectos de la misma Walkyria, correspondientes con los dos aspectos de la Shejináh de los Textos Hebreos; es decir, la "Matrona" Leah, y la "Matronita" Rajel.
Odín-Wotan "el Dios Welsungo o Lobo", enviaba a las más bellas, hermosas y sabias Doncellas Vírgenes Guerreras, cabalgando veloces desde el cielo, en sus briosos y mágicos corceles voladores, para elegir a los mejores y más valientes héroes de entre los que morían en la batalla.
Bellas y Divinas Walkyrias a quienes Odín-Wotan enseñaba también las Runas de la Sabiduría...
Los héroes elegidos por las Walkyrias, aquellos valientes que habían "Muerto" honrosamente, dignamente, en el campo de batalla, fueron llamados en Asgard, "los Einherjar" ("espíritus de guerreros que habían muerto en batalla"), y para quienes Odín-Wotan hizo un gran Hall: Valhalla, el Hall de los "Muertos", o el "salón de los muertos en combate"; es decir, de los héroes valientes que habían Muerto en sí mismos, habiendo vencido con valentía, en la lucha contra los Yoes, o la Muerte o eliminación de los propios "yoes" o defectos psicológicos... Aquellos "Muertos", cuyos nombres de valientes, pueden estar escritos en "El Libro de los Muertos" al ego.
Quinientas cuarenta puertas tiene el Valhalla, y afuera de cada puerta hay ochocientos poderosos Paladines cuidando su entrada. Cada día estos valientes guerreros, con sus corazas puestas y tomando sus armas descienden desde las murallas, y se entrenan luchando fuertemente unos contra otros. Todos los que hayan quedado heridos, se recuperan luego, quedando completamente curados y sanos, y en paz y buen compañerismo y hermandad, son invitados a sentarse en la mesa que Odín-Wotan ha mandado preparar para ellos. Odín-Wotan mismo se sienta con sus Campeones, ofreciéndoles un delicioso y abundante banquete celestial.

Los valientes guerreros que "morían" espada en mano y en avanzada en el campo de batalla, "los guerreros del Ideal y de la Virtud, más que los de la lucha bárbara por las ambiciones terrenas", eran conducidos velozmente en sus corceles voladores a través del brillante puente del arco iris o "Bifröst", hasta la Walhalla. Estos valientes guerreros y héroes, eran conducidos ante el Dios Odín-Wotan, donde recibían los mayores méritos por su gran valor. "Valfather" -otro de los nombres de Odín-Wotan-, "... cuando presidía sobre los guerreros, se levantaba de su trono y se dirigía hasta la gran puerta de entrada para darle la bienvenida personalmente..."
"... Estas doncellas, que según algunas autoridades eran nueve, les llevaban a los guerreros grandes cuernos rebosantes de hidromiel, además de enormes cantidades de carne de jabalí, con los cuales banqueteaban opíparamente. La bebida popular del Norte era la cerveza, pero nuestros antepasados consideraban que esa bebida era demasiado ordinaria para la esfera celestial. Por tanto, imaginaban que Valfather mantenía sus mesas con abundantes suministros de hidromiel,..."
LA WALKYRIA
SIGRDRIFA (SIGFRIDA) BRUNHILDA

[SIGFRIDA] BRUNHILDA, la mejor de las Walkyrias de Odín-Wotan, es la más hermosa de todas las Doncellas Vírgenes, y la Bienamada Inmortal protectora del valiente y guerrero héroe Sigfrido-Moisés... Son Una, y también son Dos; o mejor dicho, una sola Walkyria que se desdobla en dos aspectos, y llamadas por lo tanto, Hermanas Gemelas, espiritualmente...
En la "Primera Parte", nos hemos referido a "Los dichos de Sigrdrifa" "Sigrdrífumál" [De la "Edda Mayor" y, en donde, la Walkyria Sigrdrifa [SIG-FRIDA] BRUNHILDA, instruye a Sigurd [SIG-FRIDO] en la Sabiduría de las Runas, entregándole asimismo, Leyes que debe de cumplir, y advirtiéndole de los peligros que le acechan y le aguardan a partir de entonces...
Transcribo ahora, los siguientes textos, que nos relatan en un lenguaje encantador, muy bello, sublime y sencillo a la vez, El Idilio de Sigfrido con su Bienamada [SIGFRIDA] BRUNHILDA, inspirados en una de las cuatro partes de la grandiosa Tetralogía de Wagner: "Sigfrido".

EL IDILIO DE SIGFRIDO
y
SIGFRIDA-BRUNHILDA
"La Redención por el Amor".
Textos citados y comentados por Don Mario Roso de Luna sobre "Sigfrido" de la "Tetralogía de Wagner":
"Estamos en la caverna de Mimo, el gnomo hermano de Alberíco que antaño fabricó el yelmo encantado sin alcanzar a comprender sus virtudes. Dos aberturas naturales conducen al bosque, y a la izquierda se ve una fragua en cuyo yunque el perverso nibelungo trata en vano de soldar los dos pedazos de la famosa Nothunga, la Espada del Conocimiento intuitivo, la espada invencible que Wotan partiera en dos al golpe brutal de su lanza en la lucha entre Sigmundo y Hunding. Mil veces ha conseguido soldarla el enano con gran firmeza, deseoso de matar con ella al gigante Fafner y arrancarle el Tesoro perdido; mas, como para tamaña empresa le falta el valor, he aquí que ha cuidado de criar, con tierna solicitud, en su caverna, al niño Sigfrido, el hijo de Sigmundo y Siglinda que ésta, bajo la protección de la walkyria [SIGFRIDA] BRUNHILDA, había dado a luz junto a la caverna del monstruo, huyendo de la maldición de Wotan (1). El niño, émulo de su padre el welsungo, sale un verdadero Hércules, pues aquella espada soldada por Mimo, que habría resistido sin romperse en las manos de un gigante, se vuelve siempre a partir en dos pedazos, cual débil caña, en sus manos infantiles. Mimo, desolado, abandona, al fin, su trabajo, lleno de desaliento, y a poco llega de su caza el rapaz Sigfrido trayendo consigo un osezno, que se entretiene en lanzar contra el gnomo, riéndose de su cobardía."
"En vano el nibelungo ha procurado con maternales solicitudes hacerse amar del joven héroe, a quien criara con la perversa esperanza ya dicha de hacer de él y de su fuerte brazo el arma adecuada para matar al monstruo y apoderarse de su Anillo. Un secreto instinto del Joven le hace odiar a su protector sin comprender la causa. Preocupado con el misterio de su origen, quiere Sigfrido que Mimo se lo explique; pero el gnomo evade siempre la respuesta concreta, hasta que, al fin, tras, las brutales amenazas y tratos del héroe, le narra detalladamente la triste historia de su nacimiento y su abolengo, ... La escena en que Sigfrido logra por fuerza arrancar a Mimo tamaña revelación, .es muy notable, porque simboliza la hipocresía y la perfidia con que los Poderes del Mal, con la villana intención de perdernos, mecen en más de una ocasión nuestras cunas. Ella dice:"
"«Mimo.—Siempre estás gruñendo... Tu ingratitud es bien negra. ¡Perverso! En cuanto algo te disgusta olvidas todo el bien que recibiste. ¿No te acuerdas de los motivos que tengo para tu reconocimiento? Debes obedecer con gusto a quien siempre fué bueno para ti. ¡Ah! ¿No quieres oírme?... ¿Querrás comer? Aquí hay asado reciente. ¿Quieres caldo? Te le acabo de hacer...»— y después que Sigfrido le ha rechazado brusco tirando de un manotazo asado y marmita, continúa con tristeza—: «Tal es el pago de mi cariño y el insultante salario de mi solicitud. Recién nacido, ¿quién te crió? Lombricilla, ¿quién te ha vestido? Serpiente, ¿quién te abrigó? ¿Quién te dio de comer y de beber? ¿Quién te ha cuidado como a su propia piel? Cuando eras mayorcito, ¿quién te hacía la cama para que durmieses bien entre hojas frescas? ¿Quién te ha hecho juguetes? ¿Quién forjó tu sonora trompa? ¿Quién reía alegre para contentarte? ¿Quién desarrolló tu razón con sabios consejos e instruyó tu espíritu? ¿Quién se queda aquí trabajando, extenuándose, mientras tú vagas por el bosque, sino yo, pobre y viejo gnomo?..."
"—Me has enseñado mucho, Mimo—le responde Sigfrido—; y todo lo he aprendido de ti, todo... menos a sufrirte. ¿Me ofreces de comer o de beber?, el asco me harta... ¿Me preparas un buen lecho para descansar?, pues dormiré mal. ¿Quieres instruir mi espíritu?, me quedo sordo y prefiero seguir siendo una bestia.. El menor de tus movimientos o gestos me incitan a saltar sobre ti, ¡monstruo!, y, apretándote la garganta, ahogarte. ...Asi es como aprendí a sufrirte, Mimo... Mientras tanto, puesto que conoces tanto, ayúdame a comprender una cosa en la que en vano reflexiono... ¿Por qué yo, que, para separarme de ti, huyo sin cesar al bosque, vuelvo a pesar mío? Explícamelo."
"—Eso te prueba, hijo mío, cuan grato es Mimo para tu corazón. "
"—No olvides que no te puedo sufrir; que prefiero ver cara a cara a cualquier fiera que contemplarte a ti.»—Es un defecto de tu naturaleza- continúa Mimo—, de tu naturaleza salvaje, que debes dominar... Los cachorros claman por el cubil de sus padres; ese sentimiento se llama amor. Por eso tienes sed de mí, porque me amas sin saberlo. Por eso vuelves al nido de tu Mimo, como los pajarillos que no saben volar vuelven al reclamo de los pájaros grandes... Yo soy la experiencia, que vela por ti, el pájaro grande que te llama."
"—Bueno, Mimo, puesto que sabes tantas cosas—dice melancólico Sigfrido mientras la orquesta evoca el tema del amor de Sigmundo y Siglinda—, dime: ¿por qué los pajarillos pían llamándose unos a otros? ¿Es porque son macho y hembra? No se separan nunca; hacen su nido, y cuando los recién nacidos baten las alas, rodéanlos solícitos... Lo mismo hacen todos los animales, ¡hasta las bestias feroces! Yo lo vi. Por eso no quito los cachorros a sus madres... Pues bien, Mimo, ¿dónde escondes a tu hembra? ¿Dónde está, para que yo la pueda llamar madre?"
"—¿Qué te pasa, loco?—dice Mimo contrariado—. ¿Eres un pájaro? ¡Qué ignorante eres!"
"—Recién nacido, tú me criaste... Lombricilla, tú me vestiste... Pero ¿de dónde salió esta lombricilla? ¿De dónde vino este recién nacido? A menos que me hayas hecho sin madre..."
"—Debes creer, sin investigar más, todo cuanto yo te digo—objeta Mimo, acorralado—. Yo soy tu padre y tu madre todo junto."
"-¡Mientes, monstruo -contesta Sigfrido-. He visto cómo los hijos se parecen a sus padres. He ido al arroyo, y allí he visto la imagen de los árboles y de los animales, el sol y las nubes...; yo mismo me he contemplado, y vi que no nos parecemos; que soy muy distinto de ti, tan diferente como un pez refulgente de un sapo inmundo..., y los sapos no son los padres de los peces..."
"Tal razona, como Sigfrido, siempre la inocencia contra los falsos pietismos de aquellos que la quieren engañar a la puerta del lupanar, de la casa de juego, de la taberna, de la estafa..., ¡ayl, y aun del convento..."
"Puesto ya al tanto, gracias a sus amenazas, nuestro héroe acerca de su verdadero y trágico origen, pide las pruebas de todo ello. El gnomo entonces aporta los dos pedazos de la espada de su padre, y el joven, a su vez intima al odioso nibelungo que, sin excusa, para cuando regrese de su correría matutina, le tenga ya forjada, sin pérdida de tiempo, la Espada mágica de sus mayores."
"Cuando el perverso gnomo, aterrado ante la amenaza de Sigfrido, se deja caer impotente junto al yunque, aparece el dios Wotan, disfrazado de viajero, envuelto en ancho manto azul obscuro, el color de la más alta espiritualidad, y en la mano, a guisa de báculo, su poderosa lanza. Cubre su cabeza un gran sombrero, cuyas anchas alas caen sobre su ojo huero, pues el dios es tuerto desde el día en que, deseoso de beber las aguas de la Sabiduría en el pozo de Mimer, o de Mnemósima la diosa de la memoria o luz astral que es el archivo fiel de todos los sucesos del pasado, tuvo que dejar en prenda uno de sus ojos (1)."
"(1) … La leyenda tiene también otros varios aspectos ocultistas. Más adelante, el propio Wotan dice, «—Gracias al ojo que me falta ves al ojo que me resta—».obscuro giro que alude al Sol u Oculus-mundi y a su compañero oculto, el sol conjugado, para nosotros invisible al que se ha llamado astrológicamente "Hermes o Mercurio —no el planeta de este nombre por supuesto.—. Blavatsky dice, en efecto, de este último: «Mercurio como planeta astrológico, es de significado mucho más oculto que Venus, e idéntico al Mithra Mazdeísta de los Misterios; el genio o Dios establecido entre el Sol y la Luna, y el compañero perpetuo del “Sol de Sabiduría», Pausanias (libro V) lo muestra teniendo un altar en común con Júpiter. Tenía alas para expresar que asistía al Sol en su curso, y era llamado el Nuncio y el Lobo del Sol (el Welsungo)… Era el jefe y evocador de las almas, el gran Mago y el Hierofante. Virgilio lo describe tomando su vara (la Lanza de Wotan) para evocar las almas precipitadas en el Orco… es el Mercurio Aureus… a quien los Hierofantes prohibían nombrar. Está simbolizado en la Mitología griega por uno de los lebreles vigilantes siempre que cuida de la celeste grey, Sabiduría Oculta o Hermes Anubis o Agatodaemon. Es el Argos que vela sobre la Tierra y que esta toma equivocadamente por el Sol mismo. El emperador Juliano oraba todas las noches al Sol Oculto, por la intercesión de Mercurio, pues como dice Vossius, todos los teólogos aseguran que Mercurio y el Sol son uno.” (Don Mario Roso de Luna “Wagner, Mitólogo y Ocultista”.) [Estas explicaciones de Don Mario, están revisadas y confirmadas por nuestro Venerable y Amado Maestro Samael Aun Weor, en su Grandiosa Obra titulada "Las Tres Montañas".]
"El Viajero finge pedir hospitalidad a Mimo. El nibelungo, desconfiando instintivamente de él, se la niega, pero el Viajero se queda, decidido. «Mi experiencia es grande, le dice, pues que he girado mucho sobre la corteza del mundo: más de uno debe a ella el remedio de sus torturas: me interrogaba, y mi respuesta era "Su premio; y pues que hablaste de ciencia, apostaremos, yo empeño mi cabeza. Tuya es, si a fuerza de interrogarme no aprendes lo que necesitas saber..."
"Mimo, para desembarazarse del espía importuno, le hace preguntas capciosas y acepta la apuesta de la cabeza de su huésped si no le contesta a las tres preguntas que le quiere hacer y que son: La primera, sobre quién pulula en las profundidades de la tierra, a lo que el viajero le describe con absoluta precisión el pueblo de los nibelungos y toda la historia del Oro del Rhin; la segunda, acerca de quién es la raza que sobre la tierra gravita, a lo que el Viajero responde que la de los gigantes, al par que describe todas sus hazañas por el Anillo; la tercera pregunta versa sobre cuál es la gente que habita en las cimas nebulosas, y el Viajero describe la Walhalla con sus habitantes y sus esplendores. El Viajero, al informar con maravillosa precisión a todo ello, se muestra el más perfecto conocedor de los cielos, de la tierra y del abismo ante el estupefacto Mimo."
"Triunfante así el Viajero, pretende tomar la revancha contra Mimo, y le hace a su vez otras tres preguntas, bajo amenaza de cortarle la cabeza si no responde a ellas de un modo terminante y claro. Estas tres preguntas son: por la primera se inquiere cuál es la raza a quien Wotan, a pesar de su crueldad aparente, ama sobre todas las cosas de este mundo, la raza de los Héroes o welsungos, a la cual tanto ha perseguido. La segunda pregunta versa acerca de cuál es la espada que esgrimida por Sigfrido puede matar a Fafner y recobrar el Anillo. A entrambas interrogaciones responde con rara precisión el nibelungo."
"—Eres sagaz entre los sagaces—le responde el Viajero—, pero así como lo eres para explotar al heroico niño, poniéndole al servicio de las ambiciones de un gnomo, ¿lo serás para contestar a mi tercer pregunta? Dime, ¿quién podrá rehacer la Nothunga, haciéndola resucitar de sus inertes trozos?"
"Mimo queda aterrado, porque aquella pregunta del Viajero era precisamente el enigma á la sazón perseguido por sus vanos esfuerzos.«—Debías preguntarme tres veces y a las tres preguntas tuyas contesté—le dice con desprecio el Viajero al despedirse—. Me has interrogado sobre asuntos vagos, lejanos, sin aparentar interesarte, hipócrita, por aquello que te toca, sin embargo, tan de cerca: lo único que podría interesarte en verdad... Pues bien, sólo quien no sepa lo que es el Miedo podrá forjar de nuevo la Nothunga!... En cuanto a tu cabeza, ¡se la dejo al que jamás supo temer!», dijo, y se marchó riendo de la maldad al par que de la cobardía del hermano de Alberico."
"—¡El Miedo, justamente es lo que no le enseñé al niño- dice desolado Mimo, cuando ve partir triunfante al Viajero y regresar al joven héroe de su cacería—. He olvidado precisamente lo único que me hubiera podido servir... No supe hacerme querer, ¿cómo enseñarle a temerme?... Y luego, tornando a su anterior hipocresía,—¡Ven, le dice a éste; quiero enseñarte lo que aún no sabes, quiero darte a conocer el Miedo!... ¿No has sentido aún en la selva obscura, al caer de la tarde, en los sitios sombríos, cuando a lo lejos todo vibra, bordonea y sordamente murmura, no has sentido, repito, paralizarse de repente todos tus miembros horrorizados, turbarse tus sentidos y palpitar acelerado tu pobre corazón, cual si quisiera saltar del pecho?... (1)."
"El niño, por lo que se ve, no había sentido nada de cuanto decía Mimo, y como se mostrase anhelante por sentirlo, el gnomo pretende conducirle a la boca de la caverna del monstruo Fafner, la caverna del Neid-hole, el antro del Odio y de la Envidia, para que el niño conozca el Miedo; pero el héroe no ceja ya un punto en su idea fija, y a todo trance quiere tener en sus manos la Espada de su padre, la única herencia de aquel ser querido a quien no ha conocido nunca, espada cuya recomposición verdad y sin tardanzas reclama amenazador del taimado nibelungo."
"Una vez más, a costa del más ímprobo trabajo estéril, aporta Mimo sólidamente recompuesta la Nothunga; pero el héroe la parte contra el yunque, como una frágil caña, hasta que, exasperado por la ineptitud del nibelungo, cuyo trabajo inútil es recordado en la orquesta por el más fatigoso y vacuo de los motivos, se pone a forjarla por sí mismo, que es lo que tiene que hacer, en verdad, todo hombre, redimiéndose por su propio esfuerzo de la Gran Ilusión o Maya que nos rodea. Para ello, Sigfrido no trata de intentar nuevas soldaduras de lo viejo, como Mimo, ni «echa su vino nuevo en odres viejos», según la sentencia evangélica, sino que primero lima el material de su espada reduciéndola a átomos impalpables, porque de polvo y niebla cósmica se han condensado los más colosales astros; somete luego al fuego de purificación las Untaduras, detritus kármicos de los desaciertos del hombre en pasadas vidas; moldea después el conjunto en ese vaso ideal que es Cáliz augusto de todos sus dolores purificadores, y cuando tiene ya labrada así su propia Arma, la pule más y más en el roce cruel de la vida, roce que a veces es también prueba, aunque no pocas sea castigo, y cuando ya tiene así en sus manos la Espada de la Sabiduría, que es Amor al par que Conocimiento, puede, como un mago que ha llegado a ser, acometer para bien de sus semejantes los más aparentes imposibles. El «canto de la forja» resuena en la orquesta, canto tan distinto por su fecundidad del estéril de la Forja de Mimo, mientras que el nibelungo, genio del Mal, medita impotente acerca de los medios que ha de emplear en matar al joven, tan luego como realice su futura hazaña, de acabar con el monstruo, que tal es el destino de todos los héroes: el de evocar del pérfido Mundo de las Sombras a quien tan temerariamente desafían, las Fuerzas Negras contrapuestas, que habrán de combatirle a él a su vez, para que se cumpla la ley de ponderación de fuerzas contrapuestas de acción y de inerte resistencia que con su lucha eterna aseguran el mundo. Sigfrido forja así la Espada que defiende a la Vida, y Mimo condimenta el brebaje traidor contra la Vida misma. Sigfrido, dueño ya de su espada, a la que entona bélico canto de triunfo, prueba el invencible poder de ella, e igual que Hércules con su maza partiera en dos la antigua montaña libio-ibérica abriendo paso a dos mares por entre Calpe y Ávila, nuestro héroe parte triunfal de un solo tajo el yunque de la fragua de Mimo..."
"Completa queda de este modo, con la Espada de Sigfrido y la Copa envenenada que prepara Mimo, el cartomántico simbolismo, por decirlo asi, de la Tetralogía de Wagner..."
[...]
"Estamos en el segundo acto del Sigfrido. Alberico, el terrible nibelungo, medita sombrío, recostado en unas rocas, junto a la caverna en la que el monstruo Fafner dormita sobre su tesoro, la manera de rescatar el perdido Anillo, para, dueño ya de él, armar contra la Walhalla los ejércitos del Helia, y ser así el dueño del mundo. Es de noche. A la izquierda se divisa apenas entre espesa maleza la entrada del Neidhohle, el antro del Odio y de la Envidia, a la luz de la Luna, mal velada por nubarrones de tempestad. Va pronto a amanecer."
"Wotan, en su nueva forma de Viajero, se le acerca, a pesar del odio que sabe inspira al gnomo desde que injustamente le arrebatase el Anillo para pagar con él a los gigantes el precio de la construcción de la Walhalla. La intención del Viajero es prevenir a Alberico de la llegada del héroe que ha de rescatar el Anillo, y despertar de paso al monstruo Fafner para que vele solícito, todo en cumplimiento de las sagradas leyes de los Pactos, que no consienten ni sorpresas ni felonías. Después se aleja, mientras que Mimo y Sigfrido llegan por la derecha, éste armado con su invencible Nothunga, el arma de su liberación, forjada por él mismo, y Mimo, pertrechado, por su parte, con la calabaza de su veneno, como arma de sus reconcentradas perfidias. Mimo conduce a Sigfrido hasta la boca misma del antro para que conozca el Miedo, sin poder, sin embargo, compaginar el cómo, si llega a conocer semejante azote de la Humanidad, va a poder matar al monstruo y rescatar el Anillo."
"—¡Aquí sabrás, al fin, lo que es el Miedo!—dice taimado a su joven héroe al dejarle frente al peligro—. ¡En este antro sombrío duerme el Dragón deforme y cruel. De un solo bocado pueden tragarte sus fauces sedientas de sangre; su boca escupe baba venenosa, que corroe la carne y los huesos; su cola de serpiente rompe los huesos como si fueran de vidrio, oprimiéndolos con sus anillos... Cuando le veas delante de ti amenazador, y le oigas rugir, desfallecerán tus sentidos; el suelo vacilará bajo tus plantas cual en un terremoto, y entonces me agradecerás que te haya traído, para que, al fin, conozcas el Miedo, y sepas así cuánto te ama Mimo. Voy á recostarme junto a aquella fuente, y cuando el día comience a clarear en el bosque, espera confiado al Dragón, quien al despertarse pasará por aquí mismo para ir a beber a ella."
"Sigfrido se queda solo y se sienta bajo el gran tilo cuyas hojas, movidas amorosamente por el aura matutina, producen un mansísimo susurro al cantar esos divinos Murmullos de la Selva, que bastarían por sí solos a inmortalizar a su autor. El héroe, libre ya de la odiosa compañía del viejo nibelungo, se siente feliz como nunca bajo la caricia del Alba, oreado su cuerpo con su frescura y su espíritu por aquel florido amanecer de Abril. Elévase piadosa y escrutadora su mirada diáfana hacia la altísima copa del árbol y eleva su pensamiento de amor hacia su padre a quien no conociera y hacia su santa madre que muriese al darle a luz... Recostado así sobre la roca, suspira lleno de esa emoción de la Naturaleza que a Beethoven inspirase su célebre Pastoral o Sexta Sinfonía, hasta que el canto de los pajarillos cautiva su atención (1). Obsesionado el joven héroe por aquellas misteriosas armonías del cielo y de la tierra al amanecer, trata de comprender el canto de las aves, y a fin de imitarlas, émulo del propio dios Pan, corta y talla una flauta de caña con la que da algunas notas vacilantes. Fracasado, sin embargo, en su intento de imitación, apela a su trompa guerrera y entona con ella la alegre tocata del Bosque a cuya llamada tantas otras veces acudieran los lobos y los osos."
"A los primeros acordes de la sonora trompa de Sigfrido se produce en el fondo de la escena un movimiento insólito. Fafner, bajo la apariencia del dragón más monstruoso, surge de su antro en medio de densos vapores y desarrolla parte de su cuerpo deforme sobre la plataforma de la roca exterior de su caverna. Al llegar allí, cuando todavía permanecen en el fondo de ésta otros tantos anillos de su viscoso cuerpo, lanza un ruidoso bostezo. Sigfrido, al oírlo, se vuelve a contemplar a Fafner y prorrumpe en una sonora carcajada. Luego, al ver que el monstruo le larga un tremebundo ¿quién vive?, le dice que desconoce todavía el Miedo y si sabe de alguien que pueda enseñársele. El monstruo se acerca lleno de fanfarronería diciéndole que él se le enseñará puesto que iba a beber agua y prefiere beber su sangre, e iba a almorzar después, prefiriendo a todo otro manjar su todavía tierno cuerpo."
- Sigfrido se enfrenta contra el Dragón -
"La lucha se entabla al punto. Sigfrido blande su espada diestramente contra el monstruo, quien lanza contra el héroe chorros de baba a manera de ríos de fuego, dando terribles coletazos, capaces de derribar una montaña, para envolverle. Nada consigue, empero, el Dragón con ésto, y exasperado se levanta al fin para aplastarle bajo su mole inmensa, pero en aquel momento el héroe, con un rápido movimiento, le deja clavada la Nothunga en el corazón... El monstruo se encabrita y cae con estrépito, pero antes de morir revela rápidamente al héroe la triste historia de su propio crimen contra su hermano por la ambición del oro maldito. También le previene contra la perfidia de Mimo."
"Sigfrido, pasmado de cuanto acaba de oír, retira la espada de la herida: un chorro de negra sangre brota y le mancha la mano que con instintivo movimiento se lleva hasta la boca, y entonces, cual si saliese de un ensueño, advierte que empieza a comprender el lenguaje de las aves, música envuelta en la de los Murmullos de la Selva y constelada por la melodía típica de la ondina Woglinda en medio de los lejanos ecos de aquellas solemnes notas primordiales del Oro del Rhin, a cuya sucesión más lenta comenzara en la eternidad el oleaje vital de las Aguas Genesíacas. El pájaro le revela entonces el valor omnipotente del Tesoro, del Yelmo y del Anillo."
"En esto surgen de sus respectivos escondites, arrastrándose cautelosos, Alberico y su hermano Mimo, y a la vista del gigante muerto los dos más codiciosos nibelungos comienzan a reñir por tan preciada herencia; pero ambos se retiran consternados al ver al héroe saliendo del antro ya pertrechado del Yelmo y del Anillo, al tenor del consejo del Ave que vuelve a prevenirle contra la traición de Mimo. La escena entre éste y Sigfrido, cuando Mimo se acerca hipócrita con su veneno, es, a bien decir, la escena de la doble vista o de la adivinación del pensamiento, por cuanto Mimo quiere continuar con sus traidoras gazmoñerías de siempre; pero la doble vista que ya posee Sigfrido desde que ha entrado en el antro—verdadera Cueva de Iniciación—, le hace transparentes todas sus dañadas intenciones, que en vano Mimo trata de ocultar con sus ternuras mentidas. Harto ya Sigfrido de tanta perfidia, cuando Mimo va a darle la copa de veneno le cercena la cabeza, al par que resuena estridente en el fondo de la escena la carcajada de satisfacción salvaje con que le ve morir su hermano Alberico!"
"Cansado de tan larga y dura refriega, Sigfrido se vuelve a recostar bajo del tilo, soñando en alguien, joven también como él, en una amante compañera que su triste soledad compartiese dichosa. El pájaro desde la copa, con canto más dulce aún que nunca, le hace la revelación final de que encantada sobre inaccesible roca y envuelta en llamas sagradas que arden sin jamás extinguirse, le aguarda, como premio de su ardimento, la divina [SIGFRIDA] BRUNHILDA. Pasmado el héroe, y bajo la guía siempre del Ave, que va saltando de rama en rama delante de él para guiarle, se dirige ansioso en busca de la celeste montaña: |la Montaña de [SIGFRIDA] BRUNHILDA!..."
"El Viajero Wotan, después de haber visitado como todos los Iniciados las regiones infernales y terrestres, ha penetrado en el más recóndito Santuario del Mundo, allí mismo donde Erda, la Ur-valla o Sibila primitiva, que es Ea o nuestra Madre-Tierra, duerme en ese pralaya [...] del omnisciente Sueño sin Ensueños de los poemas indos. Sólo un dios como Wotan puede llegar hasta allí atravesando los pasmosos barrancos cortados a pico entre los siniestros vapores sulfúreos de glauco-azulada luz astral que llenan aquellos ámbitos profundísimos. El Viajero llega a aquel Abismo e invoca a Erda para que aquella primordial Sabiduría del Universo le dé un remedio contra el inmenso temor que ya sienten los dioses viendo acercarse aquel su Ocaso previsto por las profecías en el día, llegado ya, en que, obligados siempre a respetar los juramentos de los Pactos, tengan que reinar, no obstante, por el perjurio y que castigar sin piedad toda audacia de aquellos mismos a quienes ellos hicieran audaces y que oponerse a la Voluntad propia de aquellos mismos a quienes se la dieran los dioses. Mientras tanto, los hombres, así divinizados por su propio esfuerzo y simbolizados por Sigmundo, por Siglinda, por [SIGFRIDA] BRUNHILDA y por Sigfrido, gracias a sus gallardas rebeldías, iban a ocupar, a guisa de nuevos dioses, los cielos. Para responder a tamaña interrogación del Destino, Erda, la madre del primordial terror, se abisma, aterrada también, y entretanto llega Sigfrido y tropieza de manos a Wotan, que se le interpone pretendiendo cortarle el paso hacia la roca encantada donde yace [SIGFRIDA] BRUNHILDA (1)"
"Sobreviene en seguida el conflicto tremebundo, y la escena trágica de antaño se reproduce, pues de nuevo la Lanza de los Pactos, la triste custodia del Orden establecido, se opone a la Espada Nothunga de la Libertad y del Progreso; se reproduce, decimos, la escena cual a lo largo de los ciclos del mundo retornan siempre redivivas todas las cosas que se creyeran muertas; pero esta vez el brazo de quien es Inocente y no conoció jamás el Miedo es invencible aun para los dioses mismos, y la Lanza de las runas salta, al fin, hecha astillas al empuje del Rebelde, quien inaugura así una nueva era, «sin que lo viejo (como decía el héroe) se interponga en su camino»."
"Vencidos así cuantos obstáculos le cerraban su senda triunfal; guiado siempre por el consejo del Ave y entonando al son de su trompa su mágico grito de triunfo ¡Ho-oh! ¡Ho-ho! ¡Ha-hei! ¡Ha-hei!, llega, al fin, el héroe hasta el objeto de sus eternos amores inconscientes, hasta su Ser divino: la ex walkyria [SIGFRIDA] BRUNHILDA... No hay pluma apta para describir sin profanarle este inmortal idilio, símbolo de la unión augusta del ser inferior del Hombre con su Esencia Suprema o Tríada divina. Ni los mismos poemas indostánicos análogos, alusivos al encuentro sublime, pueden darnos la imagen fiel de aquella escena de la Redención por él Amor, agigantada por la orquesta, ignorantes como aun estamos acerca de las exquisiteces del verso sánscrito, que es forma, nota, color y armonía en los mantrams védicos. Por fortuna, nosotros, los hijos de cien generaciones welsungas, víctimas tradicionales de todas las tiranías, hemos alcanzado a vivir en los tiempos en que luces, poesía, música, fantástica mise en scene, todo este aparato escénico del drama wagneriano, en fin, se aúna espléndido para sumir en embobamiento mágico nuestros sentidos, y transportarnos a un mundo ideal de Misterio como seguramente no ha vuelto a disfrutarle la Humanidad desde que los cultos iniciáticos fueron abolidos por la tiranía militar en Oriente, en Occidente, en Europa y en América."

"Al llegar a esta suprema escena—diremos parafraseando a M. Ernest, citado por Luis París en su traducción que fielmente seguimos—, la música de Wagner escala las más prodigiosas alturas de lo sublime. Una armonía solemne de templo inicia el incomparable despertar de la diosa que desciende a mujer en alas del Amor que vivifica... [SIGFRIDA] BRUNHILDA contempla a la Naturaleza emancipada y libre... Poco a poco va así recobrando la conciencia del mundo y de la vida, porque se van desarrollando, trenzados en iris de suprema variedad creadora, el tema profético de la Ur-valla, cantando el fin del orgullo de los dioses; el abnegado amor de Sigmundo y Siglinda; la vibrante travesía del Fuego Encantado, todo chispas y todo luz; los más amplios períodos orquestales desarrollados sobre las augustas notas de la trompa de Sigfrido;..."

"... el motivo juvenil de Freya con su eterna primavera; el sueño virginal de [SIGFRIDA] BRUNHILDA, subrayado por frases de las paternales ternuras de aquel Padre-Dios que, al besarla por vez postrera, se había llevado su divinidad con sus labios, en la siempre absorbente melodía del Encanto de Amor, con cuyo mantrams se puede encadenar al Mundo..."
"—¡Salve, oh, Sol! ¡Salve, oh, Luz! ¡Salve, esplendor de este Día entre los días!—canta [SIGFRIDA] BRUNHILDA al erguirse despertando de su sueño secular sobre la roca, cuando loco de emoción nuestro héroe ha alzado el escudo que la cubría, levantado su casco y roto con su espada todas aquellas sus viejas ligaduras..."
"—¡Yo soy tu propio ser; yo soy tú mismo!—continúa con creciente exaltación la mujer nueva... ¡Oh, Héroe-niño! ¡Oh, Niño sublime, tesoro inconsciente de las hazañas más augustas!... ¡Pase, hundiéndose en el polvo, el orgulloso burgo de los dioses; la antes brillante Walhalla! ¡Romped, oh, Nornas, el hilo del destino de los dioses todos!... ¡La matutina Estrella de Sigfrido y de su amor heroico, sea mi sola herencia para siempre, envueltos en nubes fragantes de la divina Voluptuosidad pagana, Verdad única y suprema...!"
Continuación... con algunos de los textos del libreto de "Sigfrido" de Wagner...
"La Redención por el Amor"
"La Eternamente Amada"...
"La Amada Inmortal"...
Volvamos un poco antes en la narración anterior, desde aquellos sublimes momentos en los que el héroe Sigfrido "Desata con cuidado el yelmo, dejando libre la cabeza de la doncella, cuya rizada y larga cabellera se esparce en derredor", y corta con cuidado, con su Espada "Gram" o "Nothung" "... poco a poco, los anillos que ciñen la coraza y levantando la mitad anterior de la misma, descubre la delicada vestimenta femenina de [SIGFRIDA] BRUNHILDA"...
Dice Sigfrido:
¿A quién llamo en mi
socorro para que me ayude?
¡Madre! ¡Madre!
¡Acuérdate de mí!
(Reclina la cabeza como sin fuerza
sobre el seno de [SIGFRIDA] BRUNHILDA. Luego se
yergue suspirando)
¿Cómo despertar a la virgen
para contemplar sus ojos?
¿No me deslumbrará su mirada
al abrir sus pupilas?
¿Bastará mi osadía
para soportar su influjo?
En torno mío todo gira
vacilante e irreal.
Un insaciable anhelo
embarga mis sentidos;
el corazón palpita,
mis manos tiemblan...
¿Soy también yo acaso un timorato?
¿Acaso esto será el miedo?
¡Oh, madre! ¡Madre!
A tu animoso hijo
una mujer dormida
le enseñó lo que es temer.
¿Cómo vencer el miedo?
¿Cómo recobrar el valor?
Tendré que despertar a la doncella
para reanimarme yo mismo.
(Se inclina cada vez más sobre ella)
Qué dulces se agitan
sus florecientes labios.
Cómo me acongoja
su tierna sonrisa.
¡Ah! Su delicioso aliento
tibio y perfumado.
¡Despierta! ¡Despierta!
¡Mujer divina!
Aún no me oye.
Quisiera aspirar la vida
de esos dulcísimos labios,
¡aunque en ello me fuera la vida!
(Se inclina con los ojos cerrados,
como desmayado, sobre la walkyria.
Posa sus labios en su boca.
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
se despierta y se va incorporando
poco a poco hasta sentarse. Con los
brazos abiertos saluda a la tierra
y al cielo tomando conciencia de
su regreso a la vida)
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Salve, oh sol!
¡Salve, oh luz!
¡Salve, oh resplandeciente día!
Largo fue el sueño
del que desperté.
¿Quién es el héroe
que disipa mi letargo?
SIGFRIDO
Atravesé el fuego
que cercaba el peñón;
te quité el fuerte yelmo.
Sigfrido se llama
quien te despertó.
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Salve, oh dioses!
¡Salve, oh mundo!
Te saludo, tierra floreciente.
Mi sueño al fin se acabó;
y despierta puedo
contemplar que Sigfrido
es quien me despertó.
SIGFRIDO
¡Gloria a la madre
que me engendró!
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Gloria a la madre
que te engendró!
SIGFRIDO
¡Salve a la tierra
que me nutrió!
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Salve a la tierra
que te nutrió!
SIGFRIDO
Porque puedo contemplar dichoso
tus ojos, que ahora me sonríen
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Sólo debían verme tus ojos!
¡Sólo por ti podía despertar!
¡Oh, Sigfrido! ¡Sigfrido!
¡Héroe divino!
Tú, luz victoriosa,
me devolviste a la vida.
¡Oh, alegría del mundo,
si supieses cuánto te he amado!
Tuyos fueron mis pensamientos
tuyos mis afanes.
Presté apoyo a tu debilidad
antes de que fueras concebido.
Mi escudo te protegió
antes de haber nacido.
¡Hace tanto que te amo, Sigfrido!
SIGFRIDO
¿De modo que mi madre no ha muerto
y sólo dormitaba amorosamente?
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Oh, tierno hijo!
Tu madre no volverá más.
Pero si para dicha mía me amas,
yo lo seré para ti.
Lo que tú ignoras
yo lo sé por ti,
pero el origen de mi ciencia
proviene de que te amo.
¡Oh, Sigfrido! ¡Sigfrido!
¡Luz victoriosa!
Siempre te amé a ti.
Pues sólo yo adiviné
el pensamiento de Wotan,
presentí su propósito
que nunca pude expresar
ni precisar,
por él me batí,
luché y combatí,
por él hice frente
a quien lo concibió;
por él fui castigada
y debí expiar la pena.
Aquello que no concebí
y tan sólo adiviné,
si supieras descifrar
ese recóndito propósito
encontrarías que sólo
fue amor hacia ti.
SIGFRIDO
Las delicias que dices
resuenan como mágico canto,
pero su sentido me es oscuro.
Veo con claridad
el fulgor de tus ojos,
percibo el cálido hálito
de tu aliento
y oigo el dulce acento
de tu voz;
pero lo que me dices cantando,
admirado, no alcanzo a entender.
No puedo meditar
a conciencia nada remoto
porque todos mis sentidos
están absortos y fijos en ti.
Me has aprisionado
con las angustias del miedo.
Tan sólo tú
me has enseñado a temer.
Has atado para siempre,
con fuertes cadenas,
el ánimo que abrigaba mi pecho.
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
(dirige su mirada al bosque)
Allí veo a Grane mi noble corcel,
paciendo alegremente,
él dormía, como yo.
Sigfrido lo despertó
al despertarme.
SIGFRIDO
Mis ojos se regocijan en tu boca,
mas mis labios arden
en abrasadora sed
ya que no encuentran
el placer de los ojos.
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
(Ve sus armas y las señala con la
mano)
Ahí veo el escudo que
protegió a tantos héroes...
Y el yelmo que...
cubrió mi cabeza.
Ya no me protegerán ni
cubrirán más.

SIGFRIDO
Una celestial doncella
abrasó mi corazón;
una mujer hirió mi alma con saña;
vine indefenso,
sin yelmo ni escudo.
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
(Con tristeza)
Veo el brillante
acero de mi coraza,
la partió en dos
una filosa espada;
quitó la protección
del cuerpo virginal.
Estoy sin escudo ni amparo,
indefensa y débil mujer.
SIGFRIDO
Llegué hacia ti
atravesando ardiente fuego;
ni malla ni coraza
protegían mi cuerpo,
entonces el fuego invadió mi pecho.
Y ahora mi sangre
hierve con abrasador ardor.
Un fuego devorador
se encendió en mí.
La hoguera que ardía
rodeando la roca de [SIGFRIDA] BRUNHILDA,
ahora está abrasando mi pecho.
¡Oh, mujer!
Extingue ahora el fuego,
aplaca la llama devoradora.
(La estrecha entre sus brazos,
[SIGFRIDA] BRUNHILDA se desprende de ellos
y huye al otro lado de la escena)
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
Nunca osó tocarme un dios.
Los héroes se inclinaban
tímidos ante la doncella;
me despedí pura del Walhalla.
¡Oh, dolor! ¡Desdicha!
Doloroso vejamen
el de esta denigrante pena
que me ha inferido
quien me despertó.
Me rompió coraza y yelmo.
¡Ya no soy más [SIGFRIDA] BRUNHILDA!
SIGFRIDO
Aún eres para mí
la doncella dormida;
todavía no he turbado
el sueño de [SIGFRIDA] BRUNHILDA.
¡Despierta! ¡Sé mía!
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
Mis sentidos se extravían,
mi mente se ofusca;
¿será que se esfuma mi saber?
SIGFRIDO
¿No me dijiste que
tu ciencia era tan sólo
un reflejo de tu amor hacia mí?
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
Funesta oscuridad
enturbia mi mirada;
mis ojos se nublan,
la luz se extingue
y la noche me rodea.
Espantosas tinieblas
me envuelven con furia
en confusa angustia.
Un inmenso terror me invade
y se yergue sobre mí.
(Angustiada se cubre los ojos
con las manos)
SIGFRIDO
(Apartándole dulcemente las manos
de los ojos)
La noche rodea a los ojos vendados.
Las tétricas sombras
desaparecen al caer las vendas.
Aparta las tinieblas
y mira que el día resplandece
con fúlgido sol.
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
(con emoción)
El día de mi afrenta
reluce con fúlgido sol.
¡Oh, Sigfrido! ¡Sigfrido!
¡Contempla mi pesar!
Eterna fui,
eterna soy,
eterna en el dulce
anhelo de delicias.
¡Eterna para tu gloria!
¡Oh, Sigfrido! ¡Espléndido!
¡Tesoro del mundo!
Vitalidad del orbe.
Héroe sonriente.
¡Déjame! ¡Oh, déjame!
Apártate de mí.
No te me acerques,
no te aproximes ardoroso.
No me oprimas con
ese apremio abrasador;
no aniquiles a quien más te ama.
¿No viste alguna vez
tu imagen en el límpido arroyo?
¿No te causó regocijo?
¿No viste desaparecer
la límpida superficie del arroyo,
y borrarse tu imagen,
quedando tan sólo
el agitado movimiento de las ondas,
formando olas en el agua tranquila?
Así, no me toques,
ni me enturbies.
De mí te llegará
luz eterna
y ventura sonriente,
alegre y augusto héroe.
¡Oh, Sigfrido!
¡Vástago esplendoroso!
No aniquiles a tu propio bien,
por cariño a ti mismo.
SIGFRIDO
¡Cuánto te amo!
¡Si tú me quisieras!
Ya no soy dueño de mí mismo.
¡Oh, si fueras mía!
Ante mí fluye
un torrente avasallador.
Todos mis sentidos
son atraídos hacia él.
Quiero refrescarme en esa corriente
de oleadas de delicias
que destruyó mi clara imagen,
encendiéndola de deseo
y en ardor que me devora.
Yo mismo, tal cual soy
deseo arrojarme a su caudal.
¡Oh, si sus ondas me
cubriesen placenteras
y su corriente aplacara mi deseo!
¡Despierta, [SIGFRIDA] BRUNHILDA!
¡Ánimo, amada!
Vive y sonríe
al dulcísimo amor.
¡Sé mía! ¡Sé mía! ¡Sé mía!
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Oh, Sigfrido!
¡Siempre fui tuya!
SIGFRIDO
Si siempre lo fuiste, entonces...
¿por qué no serlo ahora?
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Seré eternamente tuya!
SIGFRIDO
Sé desde ahora
lo que siempre serás.
Cuando mis brazos
te enlacen estrechamente
y mi pecho ardoroso
palpite contra el tuyo,
encendidas las miradas,
confundidos los alientos,
unidos en mutua contemplación,
labio sobre labio,
entonces serás para mí
aquello que tímida
dices que fuiste y deberás ser.
Entonces concluirá la angustiosa
duda de saber si [SIGFRIDA] BRUNHILDA ya es mía.
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¿Que si soy tuya?
Una paz celestial
me inunda con su arrullo,
casto frenesí
me invade con ardor.
La ciencia divina
que me atormentaba,
huyó lejos
ante el júbilo del amor.
¿Si soy tuya?
¡Sigfrido!
¡Sigfrido!
¿No me ves?
¿No te ciega
mi ardiente mirada?
¿No te quema mi abrazo?
Mi sangre corre hacia ti
como río tumultuoso...
¿No sientes
un ímpetu de fuego?
¿No temes, Sigfrido,
a la mujer
de frenesí abrasador?
(Lo abraza apasionadamente)
SIGFRIDO
¡Ah!
Cómo hierve la sangre,
abrasan las miradas,
queman los brazos
al enlazarse!
¡Que renazca mi valor!
El miedo que no conocí antes,
el temor que tú,
hace apenas un instante
me infundiste,
ya lo he olvidado
en mi torpeza.
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
(Riendo salvajemente)
¡Héroe niño!
¡Joven * sublime!
Ingenuo tesoro
de hazañas supremas.
Riendo he de amarte,
risueña, me ciega el amor,
riéndonos caeremos
en el mortal abismo.
(Cantando al unísono)
["niño" y *"Joven", epítetos de Metratón o Moisés-Sigfrido]
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Adiós, Walhalla,
mundo resplandeciente!
¡Derrúmbate en polvo,
castillo orgulloso!
SIGFRIDO
Riendo despiertas
deliciosamente para mí.
¡[SIGFRIDA] BRUNHILDA vive!
¡[SIGFRIDA] BRUNHILDA ríe!
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Adiós,
resplandores divinos!
¡Perece en delicias,
divina estirpe!
SIGFRIDO
¡Salve,
oh día que nos alumbras!
¡Gloria al sol
que nos da su esplendor!
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Romped el hilo de las runas,
oh Nornas!
¡Desciende en sombra,
ocaso de los dioses!
SIGFRIDO
¡Salve a la luz
que emergió de las tinieblas!
¡Gloria al mundo en
que vive [SIGFRIDA] BRUNHILDA!
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Avanza, noche perpetua,
extiende tus tinieblas!
¡Ahora me ilumina
la estrella de Sigfrido!
SIGFRIDO
¡Despierta! ¡Vive!
¡Me sonríe!
¡Brilla para mi la
estrella de [SIGFRIDA] BRUNHILDA!
¡Es mía eternamente,
es mía para siempre,
mi herencia y mi bien!
¡Una y todo!
[SIGFRIDA] BRUNHILDA
¡Es mío eternamente,
es mío para siempre,
mi herencia y mi bien!
¡Uno y todo!
¡Fulgente amor!
¡Risueña muerte!
¡Fulgente amor!
¡Risueña muerte!
SIGFRIDO
¡Fulgente amor!
¡Risueña muerte!
¡Fulgente amor!
¡Risueña muerte!
([SIGFRIDA] BRUNHILDA cae en brazos de
Sigfrido)
(De los textos del libreto de "Sigfrido" de Wagner.)

Descubrimos en el hermoso diálogo del sublime y casto idilio de amor entre Sigfrido y Sigfrida-Brunhilda, de Richard Wagner, las palabras que L.v. Beethoven escribiera en sus tres cartas a "La Eternamente Amada", "La Amada Inmortal", y de entre las cuales hemos seleccionado las siguientes:
"... Mi ángel, mi todo mi mismo ser — ... Mi corazón está lleno de tanto para decirte – Ay — Hay todavía momentos cuando encuentro que la palabra no es nada en absoluto — alégrate — permanece mi fiel y único tesoro, mi todo, como yo para ti el resto los dioses deben enviarlo, lo que deba ser para nosotros — ... Ay, donde sea que estoy, tú estás conmigo, contigo y conmigo ... Ay, DIOS, ¡tan cerca! ¡tan lejos! no es acaso nuestro amor un verdadero edificio celestial — pero también firme, como el firmamento —" ... "Si he resuelto vagar sin rumbo en la lejanía, hasta que pueda volar a tus brazos ..., y pueda enviar mi alma abrazada por ti al reino del espíritu — ... tú te dominarás aun más al conocer mi fidelidad a ti, nunca puede otra poseer mi corazón, nunca — nunca – OH DIOS, por qué tener que separarse, de lo que se ama tanto, ... sé paciente — ámame — hoy — ayer — Qué doloroso anhelo de ti — de ti — de ti — tú — tú, mi"... "amor — mi todo — adiós — oh, continúa amándome — nunca juzgues mal al más fiel corazón de tu amado "L" ... "siempre tuyo siempre mía siempre nuestros"
(De las Cartas de L. v. Beethoven a la Eternamente Amada... a la Amada Inmortal...)
Martes, 19 de Enero del Año 2010
Ampliado el Miércoles, 20 de Enero del Año 2010
- Revisado en la Víspera del Shabbath del Día Viernes, 22 de Enero 2010 -
De todo Corazón,
para toda la Pobre Humanidad Doliente
Luis Bernardo Palacio Acosta
Bodhisattwa del
V.M. THOTH-MOISÉS